No tendríamos, por ahora, otra manera de llevar los mensajes de un lugar a otro. Sin mensajes no hay comunión, no hay lazos, no hay sociedad y sin estos no hay humanidad. La palabra es la materia prima de la construcción del humanismo. Es compleja, es profunda. Antigua. Es causal no casual, mientras deriva de lo más sencillo es cubierta en polvo de tiempo y rutina para en algún momento hacerse extremadamente complicada de comprender.
Tenemos las etimologías, sí, pero no siempre entendemos los contextos. Y se requiere un informado análisis a conciencia de lo que las palabras quieren decir y de dónde vienen para poder hacer un uso adecuado de ellas.
La informalidad del lenguaje cotidiano nos invita a la ligereza, la palabra es engañosa porque hasta un niño de un año empieza a dominarla. Hablo de la palabra común, de la palabra rutinaria. Pero hasta los niños tejen en sus cabezas la semántica de los significados ocultos, los significados históricos.
{Negro, izquierdo, maligno, oscuro}. Es un conjunto de palabras que a un pequeño le suena correcto.
No tiene nada que ver con la naturaleza humana, es un asunto cultural. Los mensajes encriptados en las palabras, no en las ideas ni en los conjuntos, en las palabras son tema de profundo y necesario estudio.
Por ahora hay asuntos más obvios y de aplicación directa que se pueden tratar. Para mí el más evidente, el que saltó a mi atención desde la primera vez que me encontré con él fue el ligero y despreocupado significado y uso que nuevas generaciones le dan a la frase “te amo”. Es tan fácil, tan frecuente, tan cotidiano, tan corriente. Que después de sumergirme en el asunto ya no estaba seguro de lo que realmente significaba. El amor ha sido objeto de mi estudio desde los 14 años. Para mí es algo grande y peligroso, es complejo y de naturaleza pura. Es una de esas palabras por las que doy gracias al destino de no haber electo la profesión de escribir diccionarios. Mi problema con la ligereza del uso del término es que después de pasar por las bocas de un grupo considerable de jóvenes, sería posible y hasta fácil definirlo en un diccionario de uso común. “Te amo” ya no es la frase privilegiada de una experiencia de vida, ahora es cualquier cosa a cualquier hora y bajo prácticamente cualquier situación.
- ¿Me prestas tu lápiz?
- sí, toma…
- ay gracias, te amo.
No soy un gruñón irritable e insufrible sin nada qué hacer. Mi problema no es que los niños y niñas usen un lenguaje cool al que yo no estoy acostumbrado. No tengo nostalgias ni sentidos obsesivos o puristas con el lenguaje. Mi verdadero problema es que el día que viva nuevamente la experiencia del amor y quiera comunicarlo en un mensaje simplemente no tendré un término a la altura de la situación. Efectivamente la palabra se desgasta. Adopta nuevos y diversos significados conforme se usa. Y es que la palabra no define el uso, es el uso quien define a la palabra. ¿ven el problema? ¿Qué voy a hacer cuando quiera expresar verdadero amor por algo? ¿Voy a tener que hacer la acotación de que es “de verdad”, mi mensaje no será confuso respecto a si es el mismo sentimiento que he experimentado cuando alguien me prestó su lápiz?
En este sentido se aclara el título de este post cuando hablo de “cuidar la palabra” hay que cuidarla de nosotros. Del mal uso, desinformado y corriente. Pero hay otro sentido en este post respecto a la frase “cuidar la palabra”.
El asunto es que la palabra es además tremendamente poderosa, es forjadora mnemotécnica de conceptos. ¿Recuerdan los códigos ocultos en las palabras de los que les hablaba al inicio? bien, cuidar la palabra puede también referirse a cuidarnos de los códigos que estamos ayudando a crear en las palabras.
Ejemplifiquemos;
Una persona a la que de nacimiento o después de algún suceso no puede ver, caminar, hablar, o pensar. Una persona que ha perdido alguna capacidad que los demás poseen la definimos como minusválida.
El término acuñado por doctores desde el siglo antepasado es tremendamente ofensivo y discriminatorio. Minusválido, literalmente “menos válido”, o inválido: “sin valor”, o discapacitado: “sin capacidad”, etc. Condenamos desde la palabra misma a cualquier persona que ha perdido alguna capacidad a ser discriminado. Alguien puede decir;”son sólo palabras”, tal vez el sujeto tenga empleo, familia y viva una vida plena y feliz. Pero la palabra significa algo. La discriminación es más compleja de lo que parece. Si de raíz, si en la materia prima que construye el humanismo la persona ha sido etiquetada o maltratada, ¿cómo es posible que las sociedades o los individuos respeten a estas personas? ¿Cómo tener calor si se camina sobre la nieve?
Históricamente tiene todo el sentido, imaginen una persona que no puede caminar en un grupo de cazadores en la edad de piedra. Una persona que no puede ver trabajando en un feudo… Efectivamente el origen de la palabra tiene el sentido correcto. Les comento que la palabra es causal, no casual. Yo no sólo propongo cuidarnos de la palabra y cuidar la palabra porque esta sea capaz de desgarrar el tejido social. No sólo porque seamos “buenos samaritanos” con las personas que tienen capacidades diferentes. Lo que yo estoy diciendo es que el asunto de los “minusválidos” ha cambiado. La sociedad ha cambiado, las tareas que los individuos pueden o deben desempeñar en las sociedades del siglo XXI son diferentes. O cuéntenme cuándo fue la última vez que destriparon un búfalo que su tribu cazó.
Uno de mis ejemplos favoritos de perversión de la palabra, que tiene absolutamente todo el sentido social, es el empleo de términos originales y perfectamente válidos como peyorativos en un contexto diferente. Esta sí es una agresión directa al tejido sociocultural.
Ejemplifiquemos nuevamente;
La cultura Totonaca es originaria del hoy estado de Veracruz. Riquísima en arquitectura, astronomía y arte. El término significa “tres corazones” en referencia a las tres principales ciudades que desarrollaron; Tajín, Papantla, Cempoala. Del término “totonaca,co” derivó “naco”.
Naco es el peyorativo que algunas personas utilizan para toda variedad de situaciones.
El más evidente de los “nacos” es el morenito de 1,60 de altura, vestido sin algún lujo. De clase media o baja. Léase la gran mayoría de nuestra población.
Después las personas de cualquier clase social cuyo comportamiento en algún momento no es pulcro o acorde con los estándares del lugar en el que se encuentra, puede ser designado momentáneamente como naco.
Ya un tercer uso es que naco ahora es como “wey”. Para los mexicanos no será necesario que explique lo que acabo de decir. Para los que me leen en otras latitudes les informo que en México todos somos weyes.
Lo que hay de fondo es lo grave, no es la burla momentánea. Estoy completamente seguro que las personas que usan el término no tienen ni la menor idea de dónde viene y mucho menos tienen intención de desgarrar el tejido social o discriminar a alguien. La palabra es un recurso que ya tiene otro significado tal vez.
Nuevamente alego a la reflexión profunda y no a la tentadora cotidianidad del lenguaje. El término Totonaco es motivo de orgullo y de identidad para un pueblo entero. La sociedad mexicana groseramente racista y avergonzada de sus propias raíces ha destruido el orgullo del término para ridiculizarlo como ha querido ridiculizar todo lo que sea prehispánico. El problema con el empleo de estos términos es que verdaderamente lastiman. No a quien se le ha denominado Naco, sino a nuestra sociedad. Porque la sociedad mexicana es un conjunto de culturas. Nuestra raza es una mezcla y atacando porciones de esta mezcla atentamos contra nuestra propia identidad.
Valida la reflexión para el uso peyorativo de términos como Indio, indígena, nopal, aborigen.
Respecto al último ejemplo, hace unas semanas en el partido de fútbol entre Cruz Azul y Morelia el comentarista Cesar Martinoli utilizó este término para referirse al aficionado que incorrectamente entró en la cancha a mitad del partido y causó estragos. Las autoridades han llamado la atención a Martinoli, pero esto es sólo un claro ejemplo de qué tan profunda y codificada está la discriminación y el rechazo a las raíces prehispánicas en México.
Otro muy marcado ejemplo de discriminación desde la palabra es el que se le da a los homosexuales. Cuando se refieren a alguna persona, homosexual, bisexual o heterosexual como gay, maricón, jotito se discrimina profundamente a los que no son como la mayoría. Pero no sólo eso, es común también el machismo codificado en el lenguaje.
-pegas como niña.
-corres como niña.
Nuevamente hay causalidad en esta costumbre, efectivamente la mayoría de las mujeres poseen menor fuerza en las extremidades por causas biológicas y evolutivas. Sin embargo se ha corrompido la realidad pues usarlo de manera peyorativa desgarra las relaciones entre las personas, es decir compromete el tejido social.
Es igualmente reprobable el uso de;
-hablas como maricón.
-te vistes como puto.
Depende enteramente de nosotros que el lenguaje se codifique de maneras sanas, incluyentes, no violentas y libres. La violencia y discriminación codificada en el lenguaje dificultan la convivencia, es tremendamente importante que cuidemos las palabras que vamos a usar. Comprendamos el sentido y estemos seguros de tratar de no ofender a alguien.
Mi primo y yo teníamos la costumbre de referirnos mutuamente como gay, jotito, maricón. Sólo por jugar, sólo por molestar. Antes de eso usábamos la frase “perra del infierno”. Era sólo un chiste. Ninguno de los dos tiene problema alguno con los homosexuales, no era nuestra intención discriminar. Pero igual que en el uso de “naco” no es la intención lo que cuenta. Es la contribución a la aplicación o continuación de uso de un término que en otro contexto verdaderamente puede lastimar a algún grupo de personas. Decidimos entonces parar la fea costumbre de ofendernos con términos que desgarren el tejido social, y buscaremos términos igualmente divertidos que no promuevan la discriminación, el racismo, la segregación. Después de todo, todos somos personas. Sólo personas.
¿Y tú?, ¿qué estás haciendo para cuidar la palabra?



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Muy bueno tu post!.
Lo que comentas es muy cierto, por eso intento no abusar de determinadas palabras, que usandolas de manera indiscriminada…pierden el sentido y el valor, y tal como dijiste…luego no se encuentra la forma de hacer ver y expresar aquello que se siente y por quien se siente!
Saludos!
me encanta que gustara, bienvenida a mi blog